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El contacto precoz es fundamental

Cada vez son más las Maternidades en las que el llamado “contacto precoz” de la madre con el recién nacido se intenta respetar. Los beneficios son enormes, y no ya desde el punto de vista sentimental, que es indudable, sino también desde el de la salud de madre e hijo.

contacto precoz

¿Qué es el contacto precoz?

Algo tan lógico como colocar al bebé en contacto piel con piel con su madre nada más nacer. Pero esto que parece tan obvio se lleva sacrificando años en nuestros hospitales en aras de una “supuesta” mejor atención médica del recién nacido. Buscando su seguridad, se ha perdido cierta humanidad. El personal sanitario que trabaja en nuestros hospitales se ha formado en este modelo de separación, y lleva trabajando así muchos años, absolutamente convencido de que hacían lo correcto.
Y ahora se trata, con datos y estudios científicos en la mano que han demostrado que el bienestar del bebé es mayor si se le deja sobre el pecho de su madre, de que los profesionales vuelvan a lo que nunca se debió perder, a ese contacto estrecho entre madre e hijo que aporta calor, protección y nutrición al lactante.

En este momento, lo habitual es que, tras el parto, el bebé sea colocado sobre el pecho de la madre y, a continuación, el personal se lo lleve para reconocerle y proporcionarle los cuidados médicos protocolarios. Un tiempo que, en algunos casos, puede alargarse más de dos horas hasta que madre e hijo vuelven a encontrarse.

70 minutos de intimidad

Lejos de interrumpir ese primer encuentro, es necesario alargarlo, al menos 70 minutos. Tiempo en el que el bebé reconoce el olor de su madre, y pone en marcha un instinto de supervivencia, que sorprenderá y agradará a la madre. Cuando colocamos al bebé sobre el pecho desnudo de su madre, el recién nacido permanece un rato inmóvil y, poco a poco, va reptando hacia los pechos mediante movimientos de flexión y extensión de las piernas, toca el pezón, pone en marcha los reflejos de búsqueda, se dirige hacia la areola, que reconoce por su color oscuro y por su olor y, tras varios intentos, comienza a succionarla. A partir de entonces, es más probable que el resto de las tomas las haga de manera correcta, fomentando así la lactancia materna. Se ha demostrado que es 2,2 veces menos probable que los bebés separados continúen con el pecho entre el mes y los tres meses de edad.

Pero todo esto necesita tiempo y un ambiente de tranquilidad y respeto. Y, además, requiere conocer cómo va variando el estado de alerta del bebé tras el parto. Justo durante las primeras dos horas tras el nacimiento, el bebé está en alerta tranquila, despierto, sin moverse apenas y con los ojos muy abiertos, pendiente de todo lo que ocurre a su alrededor, memorizando el olor de su madre, en lo que se denomina “periodo sensitivo”, provocado por la descarga de noradrenalina que tiene lugar durante el final del trabajo del parto. Y pasado este periodo, el recién nacido suele entrar en una fase de sueño profundo de la que es difícil despertarle. De ahí, que aprovechar esas primeras horas para conseguir que madre e hijo se reconozcan, a través del tacto y del olor, es fundamental de cara al vínculo futuro.
Así, la diferencia entre que exista ese contacto a que no lo haya es tal que los sentimientos de las madres que no lo disfrutan se colocan justo en el lado contrario a la felicidad. Sustituyen el “maravilloso e increíble” por la tristeza, el vacío, la ansiedad por saber si el bebé está bien, la impotencia de no poder abrazarle después de tanto tiempo esperándolo… En palabras de los especialistas consultados, no es extraño que la depresión posparto sea más frecuente entre las mujeres que han sufrido la separación precoz de sus hijos.

Bebés más tranquilos

Son muchos los trabajos que hablan de la mejor evolución del bebé tras el parto si éste se coloca sobre la madre. Los bebés separados se recuperan más lentamente del estrés del parto, ya que mantienen el cortisol salivar aumentado a las seis horas de edad, a diferencia de los que han permanecido en contacto. También, a las cuatro horas, duermen menos y muestran más movimientos, y lloran más con lo que se ha llamado “llanto protesta-desesperación”. Y lejos de lo que pudiera pensarse, los recién nacidos colocados sobre el pecho de su madre, no sólo no se enfrían –si se les seca bien previamente y se asegura un buen contacto piel con piel– sino que su temperatura corporal asciende progresivamente durante la primera hora, manteniendo el calor durante más tiempo. Además, estabilizan más rápidamente su frecuencia cardíaca y respiratoria, y su nivel de glucemia.

¿Y si nace por cesárea?

Si el bebé nace por cesárea, es menos frecuente que pueda permanecer en contacto piel con piel con su madre. Pero eso no quiere decir que no sea posible realizarlo, por ejemplo, en cesáreas programadas, si existe colaboración del ginecólogo y el anestesista. Por otra parte, cuando no es posible la reunión inmediata madre-hijo, en algunos hospitales se opta porque sea el padre quien disfrute del contacto piel con piel. Los bebés están mucho más tranquilos que separados de sus padres, y ponen en marcha los reflejos ancestrales que hacen que, en muchos casos, se dirijan al pecho de su padre y lo succionen, con lo que éstos se sienten inmediatamente vinculados a sus hijos.

Asesoramiento
Dr. Adolfo Gómez Papí, pediatra del hospital universitario de Tarragona Joan XXII, y miembro del Comité de Lactancia Materna, de la Asociación Española de Pediatría.

Idoia Armendariz, coautora y responsable de la web quenoosseparen.info, de la asociación El parto es nuestro.

fuente: Guia del niño

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Esta vitamina previene el raquitismo y otras anomalías óseas en los recién nacidos y en los niños pequeños

En el primer año de vida el crecimiento y desarrollo que experimentan los bebés son muy importantes. Independientemente de que se les alimente con leche materna o con fórmulas infantiles, el aporte de vitamina D es en general insuficiente para cubrir sus necesidades. Este es el motivo por el cual se recurre a un suplemento de vitamina D por vía oral.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los bebés son un grupo de riesgo por déficit de vitamina D, especialmente si han nacido en otoño y en latitudes extremas, porque pasan los primeros seis meses de su vida prácticamente dentro de casa. Además, le leche materna es pobre en vitamina D. Aunque los bebés han absorbido en el útero la vitamina D que necesitan, pueden darse casos esporádicos de déficit de esta vitamina.

Nutriente esencial

La vitamina D es uno de los nutrientes esenciales para el adecuado crecimiento y desarrollo infantil. Este nutriente, también considerado una hormona, favorece la incorporación al organismo del calcio y del fósforo, dos minerales que forman parte de nuestra masa ósea y dental.

Los suplementos, por lo general en una solución líquida en forma de gotas, deben ser prescritos por el pediatra

Además de encontrarse la vitamina D en los alimentos, nuestro organismo es capaz de producirla mediante la exposición a los rayos solares. Pero ésta no es una fuente alternativa para los bebés durante sus primeros meses de vida. En verano, al tener la piel tan sensible y delicada, se les protege continuamente con sombrillas, gorros y cremas para prevenir quemaduras y otras afecciones. En invierno, los bebés van cubiertos de ropa que impide que los rayos de sol lleguen a la piel, por lo que su organismo no puede fabricar la vitamina.

Según diferentes instituciones de salud y sociedades científicas, los bebés necesitan entre 200 y 400 UI (unidades internacionales) de vitamina D por día. Los niños de pecho requieren a diario el suplemento de vitamina D desde el nacimiento y hasta que empiecen a tomar cada día al menos medio litro de leche enriquecida en la vitamina. Los bebés que se alimenten de leche de fórmula también necesitan el suplemento, si bien la cantidad puede depender del contenido en dicha vitamina de la leche infantil. Los suplementos, por lo general en una solución líquida en forma de gotas, deben ser prescritos por el pediatra.

Más riesgo en invierno

Esta necesidad de suplementación se ha comprobado en diversas investigaciones. Una de ellas, dirigida por Ziegler, de la Universidad de Iowa, en EE.UU., y publicada en la revista “Pediatrics”, analizó muestras de sangre de 84 bebés de nueve meses. A 49 de los bebés se les suministraba vitamina D, ya fuera a través de la leche de fórmula o en forma de suplementos, y 35 eran alimentados con leche materna y no recibían ningún suplemento.

Se diagnosticó que ocho de los bebés tenían déficit de vitamina D al presentar niveles del metabolito activo de la vitamina D (25-hidroxivitamina D) en la sangre por debajo de 11 nanogramos por milímetro. Dos de esos bebés sufrían un déficit severo, con niveles inferiores a 5 nanogramos por milímetro. El equipo de investigadores constató que la falta de vitamina D era mayor durante el invierno (el 37%) que en verano (2%) y más frecuente en bebés con piel oscura (43%) que clara (6%).

DÉFICIT DE VITAMINA D Y RAQUITISMO

El déficit de vitamina D se asocia a anomalías de los huesos como el raquitismo y la menor capacidad del organismo para absorber el calcio. En el inicio de esta enfermedad se aprecian síntomas como sudores nocturnos (en especial en la cabeza), dificultad para dormir y nerviosismo, estreñimiento e hinchazón del abdomen, musculatura debilitada (esto se asocia a mayor dificultad a la hora de sentarse y caminar con respecto a otros bebés), aumento del tamaño de los ganglios del cuello y mayor riesgo de afecciones respiratorias, además de anemia.

Si la enfermedad avanza se producen deformidades en los huesos que pueden afectar a cabeza, tórax, muñecas, tobillos, huesos de las extremidades inferiores y pelvis. Por tanto, la prevención mediante el aporte de suplementos es la mejor herramienta para impedir la aparición y desarrollo de esta enfermedad.

Fuente: Consumer.es

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