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La sobrealimentación causa sobrepeso

19/05/2009

El hecho de que muchas madres no sepan interpretar los signos de saciedad de su hijo o se pongan nerviosas al ver que nunca se termina el biberón puede llevarlas a sobrealimentar a los pequeños, una medida del todo errada y que podría provocar sobrepeso en el futuro.

No quiere más

Se niega a comer, aprieta los labios para que no le obligues con la cuchara o el biberón, vuelve la cara si se lo acercar e insiste en que “no quiero más”. ¿Cuántas veces te has enfrentado a esta situación con tu hijo y cuántas has intentado obligarle a que siga comiendo? Seguro que más de una.

Según un estudio publicado en el Journal of Nutrition Education and Behaviour, elaborado por investigadors de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, forzar a los niños a que sigan comiendo por no percibir sus signos de saciedad aumenta el riesgo de sobrepeso de los pequeños. Cuando un niño dice que no quiere más (siempre que no lo haga por sistema o con comidas que le disgustan especialmente) es porque no necesita más comida. Los padres, nerviosos por comprobar que no se ha acabado todo, tienden a sobrealimentarlo, incrementando la ingesta calorías y el peso de los pequeños.

Los autores de este estudio, que ha seguido durante un año a 96 familias provenientes de áreas con bajos recursos, analizaron factores como la masa corporal de la madre antes, durante y después del embarazo; la cantidad de veces que comía el niño; el mes en que se introducía un nuevo alimento en su dieta o el comportamiento de sus progenitores cuando su hijo no quería comer más. Según sus conclusiones, ninguna de las medidas estudiadas muestra predisposición a una mayor ganancia en los bebés hasta los seis meses. Sin embargo, otros como la capacidad de la madre para detectar que su hijo está saciado, sí suponen que se sobrealimente al niño.

Esta sobrealimentación es más común cuando se alimenta al pequeño exclusivamente con el biberón, ya que se tiende a seguir las indicaciones del fabricante en cuanto a la cantidad de leche que debe tomar y nos obsesionamos con que el pequeño se lo coma todo.

Si crece sano, come bien normalmente, está contento, tranquilo y duerme bien, no te preocupes ni te desesperes porque de vez en cuando diga “mami, ¡que no quiero más!”

Fuente: quia del niño.com

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Existen muchas formas de entender el castigo físico. Muchas formas de explicarlo y definirlo. Sin embargo, hay una que reúne los variados conceptos: el castigo físico es el uso de la fuerza causando dolor, pero no heridas, con el propósito de corregir una conducta no deseable en el niño. Esta definición fue difundida por Save de Children, dentro de la campaña “Educa, no pegues”, empleada para la sensibilización contra el castigo físico en la familia.

Todos hemos vivido situaciones de castigo físico alguna vez. Un azote, un capón, o un cachete, é usado por muchos padres para frenar la rabieta o la desobediencia de los hijos. Son escenas tan cotidianas en nuestra sociedad que a muchos no les parece nada extraño, y nada cuestionable. Sin embargo, es algo que hace sentir mal no solo a los niños como también al que lo aplica. Y ¿por qué será? ¿Os habéis preguntado el por qué después de pegar al hijo uno se siente tan mal?

Educar o pegar

La práctica del castigo físico está fuertemente enraizada en nuestra sociedad en la que se ha trasmitido a través de las generaciones, pero eso no quiere decir que sea la mejor o la ideal forma de educar a un niño. Como padres, y dentro de una sociedad que cada día se preocupa más con la educación de los niños, debemos buscar alternativas más constructivas y positivas, que estimulen su desarrollo sano, y que nos haga sentir bien a todos. No queremos declarar culpables a los que usan el castigo físico como norma de educación. Solo queremos que despierten y experimenten para otras formas más constructivas de educar. El pegar no enseña, no educa, solo representa amenaza y sumisión a los niños. El castigo físico enseña al niño a tener miedo y a ser sumiso a tal punto de disminuir su capacidad para crecer como persona autónoma y responsable.

Por qué pegan los padres a sus hijos

Existen muchos motivos por los que los padres recurren al castigo físico:

– Porque lo consideran oportuno para la educación de sus hijos

– Porque lo utilizan para descargar sus nervios

– Porque carecen de recursos suficientes para afrontar una situación difícil

– Porque no poseen las habilidades necesarias para conseguir lo que quieren

– Porque no definen bien las situaciones sociales en las que las emiten

– Porque no consiguen controlar sus emociones

Si reflexionamos acerca de los motivos que llevan a los padres a pegaren a sus hijos, nos damos cuenta de que carecen de sentido. NO justifican a la sanción física, y no convencen como forma de educación. Los efectos que produce el castigo físico hacen daño a todos, a padres y a hijos. Por lo tanto su erradicación es una obligación ética.

Fuente: guiainfantil.com

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http://www.awareparenting.com/tiempofuera.htm

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