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1/3/2009 – LA MEDICINA SE ADAPTA A LOS CAMBIOS SOCIALES

El Clínic convierte el área de bebés prematuros en un servicio interactivo

  1. El hospital propicia que las familias ayuden a las enfermeras mientras el niño está en la incubadora
  2. Padres, abuelas y tías ejercen de ‘mamás canguro’ a diario, lo que favorece la evolución del recién nacido
ÀNGELS GALLARDO
BARCELONA

Pegados a las 35 incubadoras de la sala de bebés prematuros de la Maternitat del Hospital Clínic, entre ellas las ucis de los nacidos antes de pesar un kilo, se encuentran unos impolutos sillones azulados que, como todo el servicio, están permanentemente ocupados. Son reclinables y tienen reposapiés para que el padre, la madre o la tía del recién nacido que durante semanas o meses ejercerán de fieles mamás canguro estén cómodos las casi tres horas diarias que mantendrán piel con piel, bien extendido sobre su corazón, a un frágil bebé pertrechado de electrodos cableados, catéteres y, a veces, sonda nasogástrica, de ínfimo diámetro.
La sala está en silencio, la luz es tenue y el ambiente templado. Estos niños aún no tienen fuerzas para llorar. “La voz normal, un poco alta, de un adulto les estresa y aturde de forma extraordinaria”, susurra la enfermera Ángela Arranz, responsable de la unidad y una de las impulsoras de sus recientes cambios.
Esta maternidad –tal vez la que atiende más partos de Catalunya y, sin duda, la que recibe más gestaciones delicadas que no llegan a término– es el primer hospital de España que ha convertido en norma de actuación un concepto innovador que cambia por completo las funciones de quienes entran en el área de los prematuros, incluidas sus familias.

OLOR Y CALOR
Las enfermeras del servicio, un personal altamente especializado en el control de cuerpos diminutos, ya no esperan a que los papás se vayan para poner el ter-
mómetro al bebé, inyectarle un fármaco, cambiarle el catéter, darle el biberón si no se nutre por sonda o aspirar con una jeringuilla los moquitos. Ahora eso lo hacen en presencia de los padres, ayudadas por alguno de ellos. “Si le pinchamos mientras su madre le presiona un poco la planta del pie, el niño siente menos dolor –dice Arranz–. Se ha comprobado que esa compañía, un olor y calor reconocibles, atenúa el sufrimiento del bebé que está siendo necesariamente manipulado”.
El calor, el olor y la voz de su mamá canguro son elementos imprescindibles en el nuevo programa de la Maternitat. “Estos niños nacen cuando su cerebro y su sistema nervioso se están acabando de formar, y los estímulos que reciban en este periodo serán determinantes el resto de sus vidas”, explica el pediatra Francesc Botet, responsable de Neonatología en el Clínic. “El contacto cotidiano con la piel de su persona de referencia lo ideal es su madre crea un vínculo imprescindible para su desarrollo, que influirá en la formación de la personalidad”, añade.
Esa comunicación física periódica regula la temperatura y los sentidos del olfato, la audición y el tacto de unos bebés que aún deberían estar entre los límites del útero de su madre. “Les es tan determinante como la nutrición”, dice Botet. “El vínculo con su mamá canguro es un protector del sistema nervioso que les evita futuros trastornos psicoafectivos y de conducta –afirma el pediatra–. Se ha comprobado que los niños prematuros que no están solos en el periodo de la incubadora, cuando son adultos tienen más capacidad para tolerar situaciones adversas”.

GESTACIONES INCOMPLETAS
El constante aumento de las gestaciones que no cumplen nueve meses y, en especial, el incremento de los partos que dan lugar a bebés extremadamente inmaduros y que pasan las 10 o 12 primeras semanas de su vida en una incubadora han hecho aconsejables estos cambios, explica la enfermera Arranz. De los casi 4.500 nacimientos que atiende cada año este hospital, apenas 3.000 cumplen las 37 semanas de gestación.
El resto son prematuros y, de estos, unos 600 nacen antes de la semana 33 de embarazo. Cerca de 150 llegan al mundo entre las semanas 26 y 32 de su gestación, pesando poco más de medio kilo. La tecnología les salva la vida, pero no siempre les evita secuelas en el desarrollo de los sentidos. Muchos de esos déficits no aparecen si el niño ha contado con una sólida mamá canguro, asegura Arranz. A la persona que ejercerá esa función solo se le fija una condición: que sea estable y constante en sus visitas. El olor, la voz, la temperatura, la piel y la forma corporal en que el niño se cobija deben ser infalibles. El bebé los tendrá perfectamente identificados desde los primeros días.
Pueden ir en cualquier momento del día o de la noche: siempre tienen el sillón preparado. El tiempo idóneo de comunicación es de dos o más horas. “Si se fueran a los 20 minutos, lo que no permitimos, el niño no tendría tiempo de regular su temperatura con la del adulto. No podría entrar en contacto con todos sus sentidos”

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